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Food Art Week 2018 Mexico City. Daniel Lavoie

The first time I became aware of the frightening stories about sugar it was when I travelled to the Dominican Republic in 1990. My family vacation was supposed to be a trip to relax. As to be expected, we enjoyed the beautiful beaches, delicious food and floated around the resort’s swimming pool. We were encouraged by the staff of our beautiful stay to take “day trips”, to experience a different side of life which we did not know in Canada. As a family visiting our weeklong paradise we decided to do a package bus tour of the sites of this stunning island.

Having viewed the wonderful landscapes and getting to know the curiosities of everyday goings on within the city of Santo Domingo we had one last stop on our tour. Our final venture was meant to be an educational one, to learn about the harvesting of sugar cane (one of Dominican Republic’s major crops). We were explained about the quantity of work that was involved under the harsh climate that the farmers had to endure on a daily basis. What was not brought to our attention was hidden behind the cane.

Almost exactly one week after our holiday, as a family, we sat in front of the television to watch the news of the day. One of our favourite programs “W5” had a special evening this time to bring light to the facts of child labour around the developing world. As one country after another was being used as an example, the horror to our eyes came about when the Dominican Republic was announced as using children for the harvest of sugar cane. The exact same field that we were in the week before was the same location as to where the children were, hidden from our eyes, harvesting under the most brutal weather conditions.

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There is a message to be said about the things that we eat that may possibly kill us. The other is to be aware of the labour that is involved just to arrive our food to the table. In 1990 I was a 13 year old having an educational lesson that literally killed my taste for sweet foods, it had become a situation of  “guilty pleasure”. As I grew older I learned my way through the facts of healthier consumption of food and the main one was to limit my sugar intake as much as possible.

Situations like these are heartbreaking and must be brought to the eyes and ears of the public. We must battle through the jungle of junk food in order to do what is right for the farmers that sweat out their daily routine in the fields and what is beneficial for our entire bodies. It is a great pleasure to be involved with an issue such as sugar in this year’s Food Art Week Mexico City and to discuss and listen to those that want to make a difference for the future of our appetites.

Food Art Week 2018 CDMX. Daniel Lavoie

La primera vez que me di cuenta de los peligros sobre el consumo de azúcar fue durante un viaje a la República Dominicana en el año 1990. Esta vacación familiar era un momento para relajarnos por supuesto, para disfrutar de las playas lindas, comida rica y de la enorme variedad de piscinas disponibles. El personal del resort nos animaron a tomar viajes diarios, para explorar la vida dominicana, la cual es muy diferente a la de mi país de origen, Canadá. Al fin tomamos una excursión en autobús para gozar de los sitios magníficos que brinda esta isla maravillosa.

Después de ver paisajes gloriosos y aprovechar los eventos cotidianos en la ciudad de Santo Domingo, hubo una última parada en nuestra excursión. La aventura final que estaba destinada a aprender sobre el cultivo de la caña de azúcar (una de las industrias más importantes de la República Dominicana). Nos explicaron sobre el arduo trabajo cotidiano que requiere dicho cultivo a los campesinos. Sin embargo, no se nos mostró todo lo que estaba involucrado detrás de la caña.

Casi una semana después de nuestra vacación, mi familia estaba mirando las noticias en a televisión. Uno de nuestros programas favoritos era “W5”. En esta ocasión, para sorpresa nuestra, mostraron un programa especial sobre la explotación infantil en los cultivos alrededor del mundo. Presentaban diversos ejemplos entre los que mostraron el caso del azúcar en la República Dominicana, cómo se utilizaba la mano de obra infantil para el cultivo de la caña de azúcar. Los MÍSMOS CAMPOS por dónde estuve con mi familia días antes, se encontraban los niños, escondidos y cultivando en condiciones laborales y  climáticas brutales.

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Hay un mensaje que nos puede educar sobre las cosas que comemos que son dañinas para nuestra salud. El otro mensaje es ser conscientes del tipo de mano de obra que está involucrada en el proceso que surte de comida nuestras mesas. En el año  1990 yo tenía 13 años ya contaba con un conocimiento sobre la industria del azúcar que literalmente aniquiló mi gusto por los dulces, se había convertido en una situación de “placeres culpables”. A medida que yo crecía, aprendí el camino para consumir comida más saludable y lo más importante era limitar mi consumo de azúcar.

Situaciones así me duelen y es pertinente dar a conocer  los peligros del consumo de productos dañinos al público. Constantemente tenemos que luchar contra la abrumante cantidad de “comida chatarra” y ser más conscientes de los derechos de los campesinos que trabajan jornadas largas, y al MISMO TIEMPO hacer lo que sea más saludable para nuestros cuerpos. Es un gran placer participar en esta edición de Food Art Week CDMX  con el tema del azúcar, al tiempo de discutir y escuchar a quienes quieran hacer una diferencia en nuestros hábitos alimenticios.

 

Museo Numismático, La Ciudad de México 2018